La petanca nunca muere

Puede que no sea un deporte de masas pero tiene aficionados acérrimos que nunca van a dejar que muera. La petanca es ese juego que practicas con los abuelos, siendo niño o niña, en Semana Santa, cuando te vas a comer la mona al campo. Pero también es un deporte federado que mueve miles de euros al año en nuestro país. Según Propetanque, una de las tiendas referentes en España, la petanca, como los bolos, puede llegar a ser un negocio muy lucrativo en determinadas épocas del año.

Un poco de historia

El deporte en su forma actual surgió en 1907 en la Provenza francesa, aunque los antiguos ya jugaban una versión primitiva con bolas de piedra, que fue llevada a Provenza por soldados y marineros romanos. Su nombre procede de la expresión «pè(s) tancats» («pies juntos») en lengua provenzal.

Orígenes

Se han encontrado bolas de piedra que datan de muchos milenios antes de Jesucristo. Los historiadores atribuyen 26 siglos de historia al deporte de las bolas. Encontramos en el siglo VI antes de Cristo, griegos que juegan con cantos que después cambian por piedras de río planas y que no tardaron en reemplazar por piedras redondeadas más adaptadas al juego y parece ser que fueron los primeros con estas piedras redondas que llamaban esféricas los que codificaron el deporte de tirar bolas.

Un gran médico de la época, Galeno, ya elogiaba los méritos de este deporte para la salud.

Mientras que los griegos alababan la fuerza con bolas de tamaño diferente que se enviaban lo más lejos posible, los romanos privilegiaron la habilidad con la idea de un objetivo al que había que aproximarse (boliche).

Los marinos lo exportaron a la Galia y lo desarrollaron en todo el valle del Ródano.

Era costumbre, en la época, reproducir escenas de la vida de un difunto sobre su sepultura y sabemos que un sarcófago de la colección Campana, en Florencia, en una de sus caras tiene esculpidos adolescentes jugando a las bolas y el parecido con las actitudes modernas es sorprendente, incluso hay representado un jugador rodilla en tierra, midiendo un punto.

Las bolas de piedra, poco a poco, han sido reemplazadas por bolas de madera que se han claveteado durante mucho tiempo para hacerlas más pesadas, antes de llegar a las bolas modernas de bronce o acero.

Durante las invasiones bárbaras, las bolas entran en el lenguaje corriente.

En la Edad Media, Erasmo llama “globurum” su práctica y “monomaquia” al enfrentamiento a dos.

Un autor inglés llamado Bryant señala que la pasión por las bolas penetra en Alemania donde incluso por un momento toma una significación religiosa y en Inglaterra Enrique III se ve obligado a prohibir la práctica apasionada a sus arqueros.

En el siglo XIV los reyes Carlos IV y Carlos V prohíben el juego por ordenanza y decreto y se tiene que esperar al siglo XVII a Enrique de Turenne para que estas prohibiciones, que no siempre se han respetado, se levanten definitivamente.

En el curso de los años el juego de bolas se precisa y se diferencia de los juegos de inspiración análoga, que conducirán a los bolos, al palet bretón, al bowling, a las bochas o a la petanca sobre hielo (el curling).

Su afición inspira a escritores y artistas:

Furetiere, de la academia francesa, escribe un poema con el título “Juego de bolas de los procuradores”.

Meissonnier pinta cuadros que representan a jugadores.

Balzac describe en la Comedia Humana una partida de bolas en París, donde habla del boliche y de la medición de un punto con el bastón de un espectador.

En Madrid, una tapicería del palacio de El Escorial muestra a cortesanos del siglo XVI compitiendo, bolas en mano.

Las bolas se enorgullecen de haber sido siempre un enfrentamiento pacífico, pero se cita, sin embargo, en 1792 una partida que acabó con un resultado impresionante de 38 muertos y 200 heridos. De hecho la hecatombe no se debió a una discusión al final de una partida, si no que los jugadores competían cerca de un convento que albergaba un depósito de municiones y utilizando bolas de cañón, salieron chispas que prendieron fuego en los barriles de pólvora.

A finales del siglo XIX y principios del XX el juego provenzal se practica en todo el Midi (Francia) y en todas las plazas de pueblos. Los jugadores acostumbran a tomar carrerilla para tirar sus bolas con impulso.

Hasta 1907 no nace el juego sin impulso.

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