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Turismo que crea conciencia ecológica.

Con la cantidad de desmanes ecológicos que se han hecho en el nombre del turismo, basta con ver en el estado en que se han quedado algunas zonas del litoral español, parece difícil que exista un tipo de turismo que conciencie sobre la importancia de cuidar el medio ambiente. Pero sí, otro turismo es posible. Algunos emprendedores están introduciendo planteamientos nuevos en el sector turístico. Te hablamos de algunos de ellos.

En el entorno rural se están levantando proyectos turísticos basados en otros valores. No en hacer dinero a toda costa, sino en promover el respeto por la naturaleza, haciendo, claro está, que estas iniciativas sean viables económicamente.

Con el auge que está alcanzando el turismo rural, algunos habitantes de estas zonas se están lanzando a reconvertir antiguas fincas y edificios rústicos en alojamientos en los que albergar a los turistas, mostrarles la belleza de los entornos naturales y concienciarlos sobre la necesidad de proteger nuestro patrimonio natural.

No solo instruyen organizando ciertas actividades que complementan el alojamiento, sino que predican con el ejemplo.

Podemos ver fincas turísticas que se han organizado desde los planteamientos de la permacultura. Es decir, practicando una agricultura ecológica, con abonos naturales, libres de fertilizantes y pesticidas químicos, al cobijo del entorno natural de la zona. Así podemos observar, como parte de la comida que sirven, proviene de sus propios cultivos. Los bosques o parajes que están a disposición del turista, para que pasee y se relaje, están cuidados por el personal de la finca.

Encontramos alojamientos rurales, que hoy en día, se autoabastecen de energía solar. Por medio de paneles fotovoltaicos que han instalado en los tejados. Apostando por el uso de energías renovables.

Son establecimientos de turismo rural que no se han planificado solo para el descanso. Con toda la ilusión volcada de sus propietarios, organizan actividades destinadas a difundir una conciencia y una práctica ecológica de una forma amena. Ofreciendo experiencias, que para la gente que venimos de la ciudad, nos resultan, como mínimo, diferentes.

Turismo activo.

Dice el blog Ecología Verde que el turismo ecológico influye de manera importante en la protección de los espacios naturales. Si un bosque o un lago natural reciben asiduamente turistas que acuden a visitarlo, obliga a las autoridades a que se esmeren en cuidarlo.

La asistencia de turistas se ve como una fuente de ingresos para la zona, como un dinamizador económico. Las administraciones, entonces, aprecian los atractivos naturales como un reclamo. Esto hace que se destine más medios y recursos para proteger la naturaleza. Que se habiliten rutas para que la gente la pueda visitar y se aumenta la vigilancia para impedir que se realicen prácticas incívicas. Este turismo tiene indirectamente un efecto de presión.

Pone el foco en la realidad del entorno rural. Últimamente, se habla mucho de la España vaciada. Del nivel de olvido que sufren amplias zonas del campo. Estas iniciativas frenan el despoblamiento rural. Crean nuevas actividades, puestos de trabajo y vías de ingresos para los habitantes de los pueblos.

Producen un efecto curioso. Atraen a la gente de la ciudad al campo, promocionando sus beneficios y sus atractivos. El campo ya no es el lugar del que hay que huir porque no ofrece un futuro próspero, sino que desde la ciudad acudimos a él, para encontrarnos mejor.

Aunque estas iniciativas turísticas dinamizan la vida rural, no son una actividad altamente lucrativa. Me explico, se gana más trabajando para una multinacional en el 22@ de Barcelona, una zona de oficinas dirigido a las empresas de últimas tecnologías.

Para poner en marcha un alojamiento de estas características se ha tenido que invertir antes mucho trabajo y dinero. Más que un medio para hacerse rico se corresponde con una forma de vida y con un proyecto que ilusiona a sus propietarios. Estos comparten con los turistas, a los que ven como sus invitados, sus pasiones por medio de actividades. Este trato tan cercano, hace que el huésped se sienta tratado con más cariño que si estuviera alojado en un hotel de 5 estrellas con todos los servicios.

Agroturismo.

El agroturismo es una modalidad del turismo rural en la que el turista participa y entra en contacto directo con las actividades agrícolas y ganaderas. Puede ver cómo se planta un huerto o cómo se elabora el queso. Es una forma de difundir aspectos de la vida real en el campo, y de poner en contacto, dos sectores económicos, en apariencia tan distantes, como la agricultura y el turismo.

De esta forma, el turista se lleva de sus vacaciones una experiencia única y unos conocimientos enriquecedores, que en algunos casos puede aplicar a su vida habitual. Quién sabe si viendo como se hacen cestos de mimbre o cómo se trabaja en el campo no ha descubierto una nueva afición.

El campo aporta un montón de conocimientos y posee una gran cantidad de actividades, basadas en un alto índice de autonomía, que el hombre ha ido perdiendo en el momento en el que cambió de práctica y se fue a la ciudad.

En algunos de estos establecimientos turísticos no solo se difunden las tareas tradicionales de la región, sino especialmente aquellas en las que ellos practican. No son meros alojamientos, también realizan una actividad agraria, desde sus propios planteamientos. Haciendo partícipe de ellas a los visitantes por medio de cursos, talleres y actividades.

Los propietarios de El Molino de Jaranda, una finca de agroturismo situada en el término municipal de Collado de la Vera (Cáceres), nos comentan que organizan cursos relacionados con las tareas que se realizan en la finca. El taller ser un apicultor por un día nos comentan que tiene mucha aceptación entre los participantes.

Este tipo de talleres, aparte de ver cómo funciona una colmena y de participar en sus cuidados, los turistas observan directamente como se obtiene la miel, el polen, la cera y el propóleo. Son importantes para concienciar sobre el papel que cumplen las abejas en el desarrollo de los ecosistemas naturales.

Muchas de estas fincas aplican una economía circular. Reciclan todos los residuos, tanto los propios, como los de los clientes. Reutilizan una parte de ellos para el compostaje, que más tarde servirá de abono ecológico para las plantas, y otra parte para producir energía biomasa con la que calentar el agua de las habitaciones.

Un enfoque que choca con la cultura de “usar y tirar” y que se ha demostrado que además de cuidar el medioambiente, es eficiente energéticamente. Reduce la utilización de energía por las vías tradicionales.

Ecoturismo.

Recoge la página web Soy Ecoturista, que la Declaración de Ecoturismo de Daimiel de 2016, definía esta modalidad turística como “el viaje a un área natural para conocerla, interpretarla, disfrutarla y recorrerla, al tiempo que se aprecia y contribuye de forma práctica a su conservación, sin generar impactos sobre el medio y repercutiendo positivamente en la población local”.

El ecoturismo es una forma de conocer los espacios naturales desde la perspectiva de que es un patrimonio propio. Como lo es el patrimonio arquitectónico, histórico y cultural, y que, por tanto, nos corresponde a nosotros cuidarlo y conservarlo.

En los años 80, un grupo de científicos de todo el mundo alzaron la voz para poner en valor la importancia de preservar los espacios naturales desde la práctica de un turismo responsable y sostenible.

La naturaleza es un espectáculo de gran belleza, de la que el hombre tiene todo el derecho de disfrutar, pero también el deber de conservar. Se ha visto como, especialmente en los dos últimos siglos, la acción del hombre ha sido devastadora con el planeta. Desencadenando fenómenos como el calentamiento global y el cambio climático, que tanto daño nos está haciendo. Proteger el medioambiente y frenar esta tendencia es una responsabilidad colectiva.

En el ecoturismo se realizan actividades como el avistamiento de aves. En el cual se habilitan observatorios para que el visitante pueda ver en libertad el comportamiento de los pájaros que habitan el lugar.

Otras de las acciones turísticas que se suelen realizar es el estudio de la flora autóctona de un espacio natural. Para esto se llegan incluso a organizar visitas guiadas con monitores con conocimientos en biología y botánica.

La apertura de los parques naturales al gran público, estableciendo rutas para recorrerlos, y abriendo museos y centros de interpretación, en los que se informa al visitante sobre todo lo que puede encontrar en la zona, han sido decisivos para desarrollar el ecoturismo.

El aficionado al ecoturismo es un visitante respetuoso. Que admira el entorno natural, y que busca, ante todo, el disfrute interior. Es un amante de la naturaleza y está ávido del conocimiento que esta le pueda reportar y de las experiencias que pueda vivir en armonía con ella.

La naturaleza le aporta paz y tranquilidad, pero sobre todo, lo que más valora, es lo que la experiencia le pueda enriquecer como persona. Se trata de un turismo activo. Planteándonos el turismo en otros términos, en una relación de simbiosis con el planeta, podemos contribuir a proteger el medio ambiente y seguir disfrutando de él. Dejando a las generaciones posteriores un planeta agradable en el que vivir.

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